domingo, 16 de julio de 2017

LEGNA RODRÍGUEZ Y SU BULLDOG FRANCÉS


Siempre a la búsqueda de nuevos fenómenos literarios y de llamativos reclamos comerciales, la promoción editorial de “Mi novia preferida fue un bulldog francés” se refiere a la autora de esta sorprendente novela como “el tsunami Legna”. Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, Cuba, 1984), que emigró de su Cuba natal a Miami en 2015, ha publicado poesía, teatro, cuentos y novelas. Ha recibido diversos premios y parece querer abarcar todos los géneros literarios con el uso de un lenguaje nuevo y unas formas expresivas radicales y modernas, tal vez demasiado imbuidas de un excesivo deseo de originalidad e innovación. Pero si estas características pueden ser, quizá por la propia juventud de la autora, su mayor defecto, son también, sin duda, su principal atractivo y su elemento literario más diferenciador y singular. 

Aunque presentada como una novela, “Mi novia preferida fue un bulldog francés” es en realidad un conjunto de quince relatos breves a los que no es fácil, si no es por el estilo y la subjetividad comunes, encontrar interconexiones y un mismo hilo argumental. Son cuentos extraños y no siempre fáciles de entender, con diferentes voces y personas narrativas. Entre cada uno de ellos hay una página en la que se intercala, con grandes rasgos tipográficos, una frase breve y sorprendente. Es al final del libro, tras la lectura del último de los relatos, cuando estas frases adquieren todo su significado para el lector.

El primero de los cuentos (“Política”) es narrado en primera persona por un muerto, un patriarca cubano de noventa años que acaba de fallecer y, aún de cuerpo presente, relata su vida pasada y lo que observa a su alrededor en su velatorio. De la misma manera, en “Wanda”, una mujer asesinada por su exmarido, que luego se suicida, narra su historia prolongada también al velatorio conjunto que comparten los familiares de ella y los de su expareja. En el relato “Monstruo” se hace una crítica irónica y corrosiva de la kafkiana burocracia del régimen cubano. Las relaciones familiares aparecen en varios de los textos. Especialmente interesante es el titulado “Dios”, donde una madre pide con frecuencia a sus hijas, casi siempre por chat, que se cuiden y se respeten, pero ella las deja solas continuamente porque tiene que irse a sucesivas misiones políticas por todo el mundo. Tantas son esas misiones salvadores que el pueblo ha quedado medio desierto. “Miami” relata un rápido viaje de la narradora a la ciudad estadounidense, en la que, entre otras cosas, se hace poner un piercing en la nariz. En “Clítoris”, la joven narradora cuenta el vergonzoso análisis ginecológico que tuvo que pasar hasta que descubrieron la verdadera causa de una infección en sus genitales. “Lepidóptero” incluye algunas duras descripciones del desarrollo de la enfermedad en un enfermo de cáncer. Toda una disertación sobre los tatuajes aparece en el relato así titulado, “Tatuaje”. Un cambio de tema radical encontramos en “Árbol”, en el que se recuerda al grupo de teatro “El Ciervo Encantado” y se hace referencia al escritor cubano Severo Sarduy, del que se dice que ejerció gran influencia sobre ese grupo teatral. “Mala” incluye toda una descripción de la personalidad de la narradora. El magnífico relato “Soba”, narrado por el bulldog francés, cierra el libro. Para no hacer spoiler (es decir, para no destripar el final), sólo diré que hay referencias literarias a Chejov y, sobre todo, a Coetzee, el escritor preferido de la protagonista del libro, que bastante tendrá que ver con la propia Legna Rodríguez, aunque se supone que no todo.

En resumen, el libro gana a medida que se avanza en su lectura, a pesar de que algunos relatos no sean fáciles de entender y en ocasiones el estilo tal vez peque de un deseo excesivo de transgredir e innovar en el lenguaje y en las formas. Veremos por dónde continúa la carrera de esta prometedora y original escritora cubana. 

“Mi novia preferida fue un bulldog francés”. Legna Rodríguez Iglesias. Alfaguara. 2017.  144 páginas.

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