sábado, 26 de mayo de 2018

ORDESA


Hay unanimidad casi completa entre críticos y lectores en considerar “Ordesa” como el mejor libro de Manuel Vilas (Barbastro, 1962) hasta la fecha. “Ordesa” es una gran novela de madurez que confirma y consolida al escritor barbastrense como una de las figuras más destacadas de la literatura española actual. Vilas había publicado hasta ahora cinco novelas y diez poemarios, además de tres libros de relatos, varios ensayos y numerosos artículos en importantes diarios nacionales. Una ya dilatada carrera en el mundo de las letras en la que su última novela, “Ordesa”, parece a día de hoy su punto culminante.

Manuel Vilas, que es a la vez un destacado narrador y un extraordinario poeta, ha compuesto –él también, como hace con los personajes de su familia, podría ser asimilado a un músico– una hermosa y entrañable autobiografía, personal y familiar al mismo tiempo, un ajuste de cuentas con su propia existencia y su pasado, con sus luces y sus sombras, y, como él mismo ha dicho, un bello y sincero –los adjetivos los añado yo– homenaje a la paternidad. Alejado de tópicos, complejos y lugares comunes, y con un estilo arriesgado, singular y propio, que permite leer cada uno de sus breves capítulos como si de un poema en prosa se tratara, “Ordesa” es un relato excepcional en el que el escritor se muestra desnudo ante el lector, de una manera transparente y descarnada muy poco habitual en nuestra literatura. El propio Vilas lo ha explicado en una entrevista reciente: “Este es un libro autobiográfico, lo que pasa es que tiene la arquitectura de una novela. Está en la línea de un libro de memoria, sobre mi pasado. Lidiar con la verdad personal es un poco complejo en una tradición literaria como la nuestra, en la que escasean libros así”.

Tanto o más que el narrador son protagonistas de la novela sus propios padres, sobre cuyo pasado siente el autor la necesidad de escribir precisamente después de que ellos hayan muerto. El relato se convierte así en una declaración de amor tardía, nunca expresada suficientemente en vida, a sus progenitores desaparecidos. En un paralelismo, tal vez asimétrico en cuanto al espacio narrativo que ocupa en la novela, el narrador pasa de la condición de hijo a la de padre y nos cuenta su relación con sus dos hijos, con los que, en una suerte de eterno retorno nietzscheano, va a repetirse el ciclo paterno-filial que mueve el mundo y conecta en lo esencial el pasado con el futuro. “Ordesa” puede inscribirse así en una tradición literaria tal vez no muy abundante, pero con obras excepcionales como la “Carta al padre”, de Kafka, o “Los hermanos Karamazov”, de Dostoiesvski. Además del recuerdo de los padres y de otros familiares (los tíos Monteverdi y Rachma en sus nombres musicales), hay espacio para confesiones personales de borrosos abusos infantiles, periodo de alcoholismo destructor, trabajo algo frustrante en la enseñanza o fracasos de pareja. Hay confesión de errores que tal vez conviertan la escritura y este libro en terapia y en catarsis.

Y, como fondo del recuerdo de sus padres, aquella España que fuimos dejando atrás y en la que nos reconocemos claramente quienes, por tener una edad similar a la del autor, vivimos en nuestra infancia y juventud. La España del “Un, dos, tres…” de Kiko Ledgard, de los Seat y los Simca, del Julio Iglesias que tanta gustaba a la madre de Vilas, de las máquinas del millón, de las primeras piscinas municipales… Una España pobre, aunque de la pobreza auténtica y letal ya estábamos saliendo, y en buena medida prosaica y vulgar, y de eso ya no sé muy bien si hemos acabado de salir. Porque, como se lee en el libro, “somos vulgares, y quien no reconozca su vulgaridad es aún más vulgar”.

Muchas cosas más podrían decirse de este magnífico libro que termina con un epílogo poético, en el que aflora de manera explícita la poesía que implícitamente ha recorrido todas sus páginas anteriores. Un libro para leer despacio y recrearse en él. Para saborear cada uno de sus capítulos y subrayar frases y párrafos que conjugan a la perfección la magia de la literatura: la profundidad del contenido y la belleza de la forma y la escritura. Pocos escritores tan literariamente completos, sabrosos y densos hay hoy en nuestras letras como Manuel Vilas.

          “Ordesa”. Manuel Vilas. Alfaguara. 2018. 387 páginas.