lunes, 19 de febrero de 2018

LAVELILLA - PUYUELO - COLLADETA DE YEBA - YEBA - RÍO YESA - BUERBA - CAMINO DE LA SARDINERA - GALLISUÉ

 LAVELILLA
 CRUZANDO EL BARRANCO DE ESPUÑA
 CAMPOL CON ZOOM DESDE EL CAMINO

 PUYUELO


 SUBIENDO AL COLLADO DE YEBA



 EN EL COLLADO O COLLADETA DE YEBA (1.234 M.)

 YEBA



 GATOS DE YEBA


 CRUZANDO EL RÍO YESA




 SUBIENDO A BUERBA

 BUERBA


 CAMINO DE LA SARDINERA

 PEÑA MONTAÑESA DESDE EL CAMINO
CERCA DE GALLISUÉ
 GALLISUÉ

Distancia: 22,1 Km
Ascenso: 1.146 m
Descenso: 788 m
Altura máxima: 1.234 m
Altura mínima: 664 m
Tiempo transcurrido: 7h26m
Tiempo en movimiento: 6h36m
Tiempo detenido: 0h49m
Velocidad media: 2,97 Km/h
Promedio movimiento: 3,34 Km/h


Travesía de Lavelilla a Gallisué

(EXCURSIÓN REALIZADA EL 18 DE FEBRERO DE 2018)

domingo, 18 de febrero de 2018

SYLVIA


Leonard Michaels (Nueva York, 1933 - Berkeley, 2003) publicó “Sylvia” en 1990. En esa corta y vigorosa novela, el escritor estadounidense narra la intensa y atormentada relación que mantuvo con la joven Sylvia Bloch en el Nueva York bohemio y beat de los primeros años sesenta del pasado siglo. Durante tres décadas, Michaels estuvo rumiando este breve relato autobiográfico que se convirtió en la mejor obra de su legado literario. Si Lumen publicó en 2010 los cuentos del escritor neoyorquino, ahora Libros del Asteroide edita, con traducción de Carlos Manzano y prólogo del argentino Alan Pauls, esta magnífica novela, inexplicablemente inédita hasta ahora en nuestra lengua.

Leonard Michaels, que cuenta la historia en primera persona, conoció a Sylvia cuando él tenía 27 años y había abandonado los estudios de doctorado porque deseaba consagrarse en exclusiva a su vocación de escritor. Ella, como él de origen judío, tenía 19 años e iba a comenzar los estudios de Filología Clásica. Era una chica atractiva, aunque no muy satisfecha con su físico y obsesionada con el tamaño de su nariz. Psicológicamente inestable y frágil, tenía sin embargo una inteligencia excepcional y había estudiado en un colegio para superdotados. Cuando Leonard conoce a Sylvia en el apartamento de una amiga suya en el Village neoyorquino queda subyugado por su magnetismo y, como recuerda en el libro treinta años después, “la cuestión de qué hacer con mi vida en los cuatro años siguientes quedó resuelta”. Tras el impactante flechazo inicial, enseguida van a vivir juntos y no tardan demasiado en casarse. Leonard va alternando en su relato algunas notas del diario personal que escribió en aquellos años con la narración de los hechos a posteriori, casi treinta años después de que hayan sucedido.

Sin embargo, esos cuatro años no fueron fáciles y la convivencia entre ambos se convirtió con frecuencia en un verdadero infierno. Sus discusiones son continuas y solo se ven interrumpidas por momentos intermitentes de una pasión sexual igualmente tempestuosa y violenta. La desasosegante y traumática relación fue una montaña rusa de amor y odio que, como se vislumbra ya desde el principio, va a acabar en tragedia. Porque, como escribe Alan Pauls en el inicio de su prólogo, en “Sylvia” no hay suspense: “Apenas empieza el relato, como en las tragedias griegas, la suerte está echada, y está echada aun antes de que se arrojen los dados”. El escritor argentino resume así la novela: “’Sylvia’ es la versión estilizada del primer catastrófico matrimonio de su autor”.

El libro tiene casi dos únicos personajes: el narrador y, sobre todo, Sylvia, cuyo carácter inestable y voluble analiza en profundidad y con detalle el propio narrador y marido, que no duda en calificar varias veces a su mujer como una loca. Aparecen también algunos amigos de la pareja e incluso hay presencias fugaces de escritores conocidos, como el ya entonces famoso Jack Kerouac, con quien Leonard da un paseo en coche. Pero, si hay una presencia con fuerza y bien descrita en la novela, esta es la del Nueva York de los años sesenta, principalmente la del barrio de Greenwich Village en el que viven los protagonistas. Es el Nueva York de la generación beat, de Ginsberg y Kerouac, de la bohemia artística, las drogas y la experimentación sexual, de la presencia permanente del jazz como banda sonora de aquel tiempo, de los tugurios humeantes donde actúan figuras como Miles Davis, Ornette Coleman, Charles Mingus o Sara Vaughan. La época de Elvis, de Fidel Castro y del presidente Kennedy intentando acostarse, como dice el narrador, con las actrices de Hollywood. Desde luego, Michaels consigue en pocas páginas, además de narrar una destructiva y patológica historia de amor y odio, plasmar un penetrante retrato y una lúcida radiografía del Nueva York de aquellos años.

“Sylvia” es sin duda una pequeña gran novela, que logra condensar, en un estilo directo y conciso, el relato de una historia trágica y tempestuosa y el espíritu de fondo de una época. La máxima graciana de “lo bueno, si breve, dos veces bueno” se cumple aquí plena y satisfactoriamente.

“Sylvia”. Leonard Michaels. Libros del Asteroide. 2017. 144 páginas.

viernes, 16 de febrero de 2018

ALINS DEL MONTE - CALASANZ - ERMITA DE LA GANZA - PERALTA DE LA SAL - BARRANCO DE GABASA

Alins del Monte y su iglesia de San Juan



                                                  Por el GR-23 de Alins a Calasanz

                                            Vista de la ermita de San Bartolomé de Calasanz
                                                             Salinas de Calasanz       
                                                Pou de chelo o pozo de hielo de Calasanz



                                   Ermita de San Bartolomé y restos del castillo de Calasanz




                         Iglesia parroquial de San Cipriano de Calasanz vista desde el castillo

                                                    Panorámica de Calasanz
                                              De Calasanz a la ermita de la Ganza
                                                            Ermita de la Ganza


                                                  Grupo al completo en la Ganza

                                                                 Playa fósil
                                      Peralta de la Sal, casa santuario de S. José de Calasanz
                                                     Con Raúl Ortás del Club Litera
                                                          Saliendo de Peralta
                                                Peralta desde el camino a las salinas
                                                        Salinas de Peralta
                                                     Balsa cerca de Gabasa


                                                 En el barranco bajo de Gabasa
                                                                         Gabasa
                                                  Iglesia de San Martín de Gabasa
                                                               Salt del Pont en Gabasa
                                                             Barranco de Gabasa


                                                          Cascada de Santa Ana

                                                            Nacimiento del río Sosa

Cincuenta personas participamos el pasado domingo en una excursión por la Litera Alta, organizada conjuntamente por el Centro Excursionista Ribagorza de Graus y el Club Litera de Binéfar. Fue un recorrido por la zona norte de la comarca literana, histórica y culturalmente muy vinculada con los pueblos meridionales de Ribagorza. El itinerario se inició en la pequeña localidad de Alins del Monte y terminó en el barranco de Gabasa, pasando antes por  Calasanz y Peralta de la Sal.

Los cincuenta participantes nos dimos cita en Alins poco después de las 8.30 horas. Los excursionistas ribagorzanos habíamos salido desde Graus en autobús y los literanos se habían organizado con sus propios vehículos. Tras una rápida visita a Alins, donde destaca su iglesia románica de San Juan, iniciamos la caminata siguiendo el GR-23 en dirección a Calasanz. Entre ambas localidades hay poco más de 5 km, que transitan por una pista de tierra entre bosque de pinos de repoblación. A la entrada de Calasanz, nos desviamos unos metros a la izquierda para visitar el magníficamente conservado “pou de chelo” (pozo de hielo) de la localidad y ver sus antiguas salinas, las últimas que se mantuvieron en activo en la zona.

Retornamos al camino y entramos en Calasanz, donde ascendimos hasta la elevación rocosa en que se hallan los escasos restos del antiguo castillo musulmán y la ermita románica de San Bartolomé. En ese punto, el más elevado del recorrido, hicimos una parada para el desayuno y contemplamos las magníficas vistas que depara esa privilegiada atalaya. Desde el pueblo  continuamos, ya en descenso y por zona de olivos y almendros, en dirección a Peralta de la Sal. A mitad de recorrido paramos en la ermita de la Ganza, una construcción religiosa del siglo XVII con vivienda del ermitaño adosada, donde nos hicimos la ritual foto de grupo.

Continuamos por el GR-23 hasta desembocar en la carretera que une Calasanz y Peralta, que abandonamos por la izquierda para visitar la llamada “playa fósil”, una pared de roca vertical que conserva huellas de las olas de lo que fue un mar hace millones de años. Entramos poco después en Peralta, atravesando su casco urbano y pasando junto a la iglesia parroquial, la casa-santuario donde nació San José de Calasanz y el colegio de los escolapios, orden religiosa y pedagógica fundada por el santo en el siglo XVII. Salimos de Peralta por el puente que cruza el río Sosa y visitamos sus afamadas salinas, una extensa red de pequeñas balsas que mantuvo actividad hasta el año 1983.

Desde allí continuamos camino en dirección a Gabasa donde remontamos su famoso barranco, un sorprendente humedal de exuberante vegetación y aguas cristalinas en el que destaca la cascada de Santa Ana. Antes de terminar la excursión vimos el nacimiento del río Sosa, cuyo tramo más alto habíamos recorrido. Fueron 18,7 km de excursión en los que invertimos seis horas incluyendo las paradas.




Artículo publicado en Diario del Alto Aragón.